Parque Tantauco: la belleza de vivir desconectados

Esta crónica fue publicada en Revista Travel Time en diciembre de 2012.

Caleta Inío

 

Playas paradisiacas, senderos en medio de un bosque de cipreses, 14 kilómetros de paseo en lancha entre bosques inundados y una gastronomía única son las principales ofertas de la Caleta Inío. Un pequeño pulmón en el último pedazo de tierra de Chiloé en donde no se aceptan celulares ni stress. Simplemente un paraíso del que no todos pueden disfrutar.

 

El día en Quellón es atípico. Un cielo completamente despejado obliga a la gente a salir de sus casas. Los comercios se repletan de turistas y de quelloninos. El muelle del puerto, el más importante de la Isla Grande de Chiloé, hace de pasarela para los cientos de pescadores que aprovechan el buen tiempo para salir a trabajar.

El paso por el muelle es tupido. Pescados recién extraídos del mar vuelan de brazo en brazo para ser depositados desde el bote a una caja de madera y los gritos que ofrecen salmones a bajo costo no cesan. Agachados y con la cola entre las patas, los perros aparecen a la espera de residuos que vayan dejando las primeras lanchas que arriban con carga. Esas que salieron a pescar desde las cinco de la mañana.

Entre medio del gentío y el olor a productos del mar, un lanchón blanco zarpa desde la costa de Quellón, dejando atrás el último pedazo de civilización que ofrece la Isla de Chiloé. La ruta que atraviesa el Golfo de Corcovado se recorrerá en cerca de tres horas y con una gran novedad para los chilotes: hoy el oleaje está bajo.

Durante los primeros minutos de viaje el ruido ha quedado atrás y solo se escucha el motor de la embarcación. En el inicio del trayecto se pueden apreciar pequeños bloques de plumavit que sirven para extraer mariscos y grandes boyas que limitan las propiedades de cada productor. A esa altura, los verdes cerros colindantes a la costa de Quellón aún siguen poblados por coloridas casas de madera, algunas de ellas afirmadas sobre palafitos. Más atrás, se aprecian los últimos bloques de cordillera nevada.

Pasada la primera hora de marcha ya todo es naturaleza pura. Alguna que otra tonina se deja ver, mientras que por sobre pequeños asentamientos de roca descansan familias completas de lobos de mar. La tripulación, compuesta por 13 personas, está en silencio y a menudo algún pasajero vuelve a mirar su celular, como no queriendo convencerse de que desde ahí en adelante solo le servirá como reloj, linterna y despertador.

Bienvenidos a Inío

El lanchón blanco ha reducido la marcha y avanza lento por la baja profundidad de la desembocadura del Río Inío. El cielo comienza a taparse de nubes grises y una fina corriente de frío amenaza con colarse en los huesos. El viento empieza a soplar lentamente.

A la izquierda del río está La Puntilla, una pequeño localidad poblada por 18 familias que se vio fuertemente afectada por el terremoto de Japón, ocurrido en marzo de 2011. Ahí la subida del mar alcanzó entre los 8 y 10 metros, según un informe efectuado por la Intendencia de la Región de Los Lagos a una radio local. Desde entonces, los pobladores de dicha comunidad han pedido ser trasladados a la orilla del frente, a solo 200 metros, más precisamente a Caleta Inío, actual propiedad del Parque Tantauco, comprado hace siete años en US$ 6 millones por el presidente Sebastián Piñera. Esta caleta es el acceso sur al parque que contempla 118 mil hectáreas de bosque, de cuya inmensidad, gran parte son zonas aún inexploradas.

Desde el muelle de Inío se puede apreciar la estructura del único poblado de Tantauco. En el centro, una hermosa estructura de madera simula la “zona cero” de la caleta. A su derecha se aprecia una descuidada y pequeña cancha de fútbol, que a la vez también es el patio de una escuela compuesta por 18 alumnos y dos profesores. Más a la derecha, poblando el borde costero de la desembocadura, seis casas de pescadores residen el lugar, solo una parte de las 25 familias radicadas en Caleta Inío. En total, una población de 143 habitantes.

En el centro de Inío está la posta. Una casa grande de techo azul fabricada a principio de los 90, en donde una única paramédico atiende solo por primeros auxilios. De ser más grave la situación del paciente, la solución es la misma que frente a cualquier otra necesidad: viajar a Quellón.

A la izquierda de la que denominamos “zona cero”, está el edificio de la administración del Parque Tantauco. Una hermosa construcción que bien podría simular un barco. En su primer piso hay salas de reuniones y oficinas, además de una pequeña sala museo donde se exhibe una gran costilla de ballena azul, antiguas piedras talladas y objetos autóctonos del lugar. En el segundo piso está el dormitorio de Sebastián Piñera, quien según coinciden los residentes de Inío, no viene desde que salió electo presidente.

Tras el edificio se puede apreciar una de las tres formas de alojamiento que ofrece el parque dentro de la caleta. Esta primera alternativa se llama “Casa huéspedes”. Dos lindas casas de madera roja y techo azul, de dos pisos, compuestas cada una por seis piezas con dos camas cada una. Cuatro de éstas tienen baño propio y dos baño compartido. Al entrar, una pequeña mampara obliga a quienes ahí duermen, a quitarse los zapatos mojados y embarrados y cambiarlos por cómodas pantuflas de algodón que la casa ofrece. En su interior, un acogedor hall brinda cocina, comedor y un cómodo living con sillones-cama que invitan a pasar una tarde de buena lectura junto al fuego a leña.

La “Casa huéspedes” tiene un valor de 25 mil pesos la habitación para dos personas, con desayuno incluido. No obstante, existe una segunda opción. Se trata de 24 sitios para camping, cuyo valor es de $3.500 y una tercera que consiste en 2 domos con capacidad para 4 personas cada uno. Cada noche alojando en estas cómodas y seguras carpas vale 7 mil pesos.

caleta inio. parque tantauco

Bienvenidos al paraíso

Un día perfecto dentro de Caleta Inío se vive recorriendo. Sea la opción que sea para dormir, el desayuno es sin igual para cualquiera. “El fogón”, como se le denomina al restaurante del lugar, promete un exquisito pan amasado para empezar el día. El lugar es un comedor común, edificado con Ciprés de las Guaitecas (al igual que todas las construcciones del Parque Tantauco), cuyo aroma, al mezclarse con el de la cocina, le da un toque hogareño único.

Luego del desayuno y de una ducha con agua caliente, la primera alternativa es coordinar con la administración o con los pescadores, un paseo en lancha por el Río Inío. Esta ruta, con duración de medio día, comienza en el muelle de la caleta y recorre sus 14 kilómetros de trayecto hasta su nacimiento.

El gran atractivo de este paseo son los humedales del río, los bosques inundados y su fauna, en donde se podrán ver coipos, chungungos, zarapitos y diversas aves. Cada embarcación tiene un costo aproximado de 50 mil pesos para un máximo de 6 pasajeros.

El retorno es a la hora de almuerzo y El Fogón ofrece tentadores platos como salmón autóctono con papa de la que se quiera (hay más de 300 especies), arroz con choro zapato y choclo, cordero al palo con ensalada y si hay más turistas, se puede participar de un entretenido Curanto con milcao. “La creación del parque fue para nosotros una gran oportunidad. Ahora nuestras opciones de trabajo ya no son solo la pesca, sino que también puede ser la cocina y el turismo”, dice Silvia Hueicha, cocinera de cuarenta años, quien vive en Inío desde hace 20.

Silvia habla de un cambio que se produjo a partir de la creación del parque en el 2005. Antes de éste, las personas vivían en Caleta Inío en función de la extracción de pelillo, un alga que se utiliza para la elaboración de productos de belleza. Sin embargo, a fines de los 80 hubo un agotamiento del producto y gran parte de las cerca de 3 mil personas que por entonces habitaban la caleta, emigró.

Curiosamente, hoy en día la población es mucho más pequeña, sin embargo la oferta laboral es más amplia. Y eso se debe al aporte del Parque Tantauco, más el apoyo financiero de Fundación Futuro. Actualmente, más de 30 personas trabajan para la dirección del parque en trabajos como guía de rutas, cocina y creación de senderos.

“La cantidad de turistas al año hoy es de 2.400, pero nos proyectamos a 6 mil ya que el crecimiento ha sido enorme, considerando que el primer año solo tuvimos 150 visitantes”, comenta Alan Bannister, administrador general del parque.

El día concluye con la especialidad de Tantauco: el trekking. Dos son los senderos de recorrido fácil. Uno es el de Punta Rocosa, con extensión de 5 kilómetros y el otro es Alto de Inío, de 6,8 km. Ambos se enriquecen con la misma belleza. Trayectos creados entre medio de hermosos bosques de cipreses, altas quebradas sobre las cuales se puede apreciar la inmensidad del Golfo de Corcovado y sus playas casi vírgenes con agua color turquesa en sus orillas.

Estas vistas paradisiacas son dejadas atrás para volver por la Playa Inio a la “zona cero”. El largo día obliga a una ducha caliente antes de devorarse algún plato de El Fogón y así aprovechar las pocas horas de luz que producen los generadores (se prenden a las 18 horas y se cortan a las 23). Ya de noche, la cama espera a los turistas para descansar de un día agotador y así reponerlos para un nuevo día de recorridos por la impactante belleza del parque.

La despedida es distinta. Esta vez en el muelle los lugareños se despiden de los visitantes. El motor del lanchón blanco se enciende y la embarcación inicia su ruta a Quellón. Atrás, sobre un banco de arena en la mitad de la desembocadura del Río Inío, un grupo de pescadores insiste en sacar el pelillo. En la lancha, gente de la administración está feliz porque se llegó a un acuerdo con los habitantes de La Puntilla y próximamente los tendrán de vecinos en la caleta. Por la inmigración nadie se enojó. “Por el contrario, felices los recibimos”, dice Patricio Aguilera, un pescador de Caleta Inío.

Después de dos horas de viaje, algunos de los 13 tripulantes comienzan a prender los celulares. Llamadas perdidas y correos electrónicos deben ser contestados a la brevedad. A lo lejos se aprecia Quellón y ya se puede sentir el ruido de la ciudad.

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Las imágenes son propiedad del Parque Tantauco.

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